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Cuando Zeus enteróse de que Prometeo hubo robado el fuego azul del olimpo para llevar y entregárselo a los hombres de barro y de las oscuridades, su furia estremeció el cielo y la tierra, haciendo sacudir el mundo hasta los últimos rincones del averno. El deforme Vulcano, labrador de los rayos bramantes por la ira del todopoderoso del olimpo, fue convocado y comisionado a encadenar al osado en una roca del Cáucaso para que el despreciable buitre devore sus entrañas por la eternidad de los tiempos. Así se vomitó la rabia, así se utilizó el poder para castigar la osadía y el valor ¡Así decretó el soberbio para escarmiento de propios y extraños! El creador de esta hermosa tragedia del clásico teatro griego, el genial Esquilo, no desatiende ningún detalle del trama que urde el reiterado drama que registra la historia de la humanidad en muchos hitos significativos: un bien es forjado, los ruines y bárbaros mezquinos impiden el uso a los humildes, el valor y la osadía surge en el noble corazón, al atrevido se le castiga cruelmente, el costo es elevado e indecible, pero la libertad y la felicidad serán las mieles que millones gozarán el resto de la eternidad, sin reservas, sin condiciones, sin discriminaciones; el valiente, el osado que echó el guante al poder del miserable será el símbolo de la emancipación que perdurará en los estandartes de las generaciones. De esta forma, como en toda gran y humana empresa, el final de la tragedia desenlaza en que después de treinta años de intenso sufrimiento de titán, con los dolores que le causaban en las entrañas los duros y cincelantes picos del despreciable buitre, el fabuloso Hércules, hermano de aquel, liberóle de las cadenas fraguadas con rabia y egoísmo, vomitadas con la toxina de una bestia irascible. Una vez que el hombre hubo descubierto la utilidad del fuego, y dominarlo a voluntad, el miserable se percató de que este elemento podía constituirse en un instrumento de poder, de dominación y de destrucción, de inmediato conspiró y actuó en ese sentido. Los beneficios del fuego, al principio, fueron escondidos a muchos pueblos, construyéndose un primigenio sistema de clases sociales: de fuerte y débiles, de poderosos y de desposeídos; se construyó un mundo de desigualdades donde unos pocos gozan de la luz y del calor, los discriminados aguardan pasivos, en las gélidas cavernas de la oscuridad, una esperanza desconocida. El fuego, en su estado natural y de propio muy poderoso, ya es empleado por casi todos los seres del planeta en la actualidad; sin embargo, persiste muchas de sus otras aplicaciones develadas como instrumento de poder, dominación y destrucción. Las últimas aplicaciones de la energía desarrolladas secreta o costosamente, son administrada a la tradicional usanza: para conservar el poder y la dominación, en beneficio de pocos y en desmedro de muchos. El desarrollo y uso de fuego puede ser considerada como la alegoría más directa en la que entendemos el trama de la tragedia de Esquilo, escrita en siglo V a de J.C. Sin embargo, el hecho cultural más significativo e importante de todos los tiempos es el lenguaje; el sistema de comunicación más versátil e idónea con el cual el hombre rubrica su existencia en el universo y se glorifica en los reinos. Con el lenguaje, el hombre se cristaliza en la imagen viva del supremo creador, del Dios racional y sensual. El lenguaje humano, oral y escrito, es el medio más inteligente de exaltar, enseñar y perpetuar en el tiempo los sueños, las ideas, imágenes, glorias, hazañas, el arco iris del amor, etc., que el ser humano ha sido capaz emprender hasta el presente; es decir, es la forma de colorear el firmamento con todos los matices de las maravillosas obras de su creación y escribir en cada una de las estrellas, con sentimiento y pasión, las impresiones que tuvo sobre los universos internos y externos que se atrevió a indagar, sobre las huellas de Dios. No podemos negar que es el símbolo y legado de la habilidad racional y humana más genial e importante de todos los tiempos. No obstante constituirse el lenguaje en un bien social inoculable, especialmente en las destrezas de la lectura y la escritura, éste se ha constituido en otro elemento de poder, dominación y destrucción más recalcitrante que el mismo fuego. La ignorancia de estos códigos, con los que se indaga y se crea maravillosos universos de ensoñación y libertad, es un hecho condenable; califico como el estado más primitivo y patético al que un ser humano pueda ser condenado: a vivir resignado en el mundo de las lombrices. Saber leer y escribir es más importante y mucho más poderoso que saber manejar y utilizar el fuego. Con la pluma y el papel se han conquistado muchísimas más riquezas y reinos que las conseguidas a punta de cañón y bombas. Definitivamente, el poder de la pluma se impuso al de la espada. Jamás se conseguirá más libertad y se conquistará más universos que las logradas con una suave pluma y blanco papel. Sin embargo, y por ello mismo, la versatilidad del poder del lenguaje fue de manifiesto por los grupos de dominación e impidieron al conocimiento de sus códigos de lectura y escritura a millones de personas, en todo el mundo, para manipularlos fácilmente. En la Tragedia de Esquilo de nuestro atención, también advertimos que la trama literaria se desgrana con magnífica realidad y versatilidad en este sentido. La luz, las letras y la imaginación son los más maravillosos y poderosos instrumentos creados por el hombre que le permiten alcanzar y conquistar su libertad, su progreso y el entendimiento pacífico de los seres en éste y en cualquier planeta. Valiente y osado Titán amado Iluminaste mi camino Para mi desconocido Una chispa fue suficiente Para andar hacia el reluciente Con mi armadura elocuente En todo universo imponente La alegoría de la tragedia de Prometeo es simplemente perfecta y majestuosa a la realidad de los hombres que ansían la luz, la verdad y la libertad para sí y para sus semejantes. Aunque los riesgos de esta clase de actitud titánica implican castigos mortales y peligrosos, la posteridad sabrá recompensar con los laureles de la inmortalidad y beberán en paz el dulce néctar del cáliz de los héroes, valías de los que ni sospechan los miserables. Así, el dios de barro que hizo del mundo un olimpo falso para sus deleites mezquinos, odia y reniega de los Prometeos que perturban la indecorosa práctica de manipular y explotar para llenar su embarrilada barriga. El programa de alfabetización “Yo si Puedo” iniciada por el actual presidente Evo Morales Ayma llevó un haz de luz y de esperanza a miles de personas desheredadas por los gobiernos impropios y los sistemas educativos concomitantes. El programa no necesitó más esfuerzo que la simple voluntad de hacer un mundo mejor, un parvo de voluntad que no se generó en ningún pasado. Aunque un analfabeto, según la concepción vulgar y ortodoxa, es aquella persona que no saber leer y escribir una o varias palabras de su lenguaje maternal, una concepción más amplia del analfabeto es referir a la persona que no sabe o no conoce los códigos de un lenguaje en particular; pero, la habilidad de una persona para la lectura y escritura, aunque a nivel elemental y rudimentario, ya debe considerarse una ventana hacia los maravillosos mundos de la libertad, la creatividad y la dignidad. El balbucear los códigos es el nivel de la chispa que aguardan los libros de Shakespeare y Cervantes; aunque el beber el sumo de estas obras sea tarea de cada cual, no es responsabilidad al titán. Es laudable lo que el “Prometeo” hizo por miles de personas que vivían en la ignorancia de las letras y en la habilidad de reproducirlos; con los pocos conocimientos sobre la luz que ilumina los mundos mágicos del futuro, ya se abrieron para los infaustos más posibilidades y oportunidades hacia la libertad y la felicidad desconocidas. Y la luz llegó: (Testimonios del programa “Yo Si Puedo”, una vez declarado al departamento de Oruro “Libre de Analfabetismo” el 13 de abril de 2008, como el primer departamento libre de analfabetismo de Bolivia) “Nunca fui a la escuela, por que mis padres fueron pobres y vivíamos en el campo…Mi hijo Juan Carlos y yo asistimos a los cursos de alfabetización todas las noches para poder aprender a leer y escribir…es penoso saber que ellos (sus padres) murieron sin saber leer y escribir..” Teresa Ledesma Colque. 45 años. Ama de casa. 4 hijos. “Necesitaba aprender a leer y escribir porque mis hijos son chicos y no podía ayudarles con las tareas…” Ana Maria Nuñez Montoya. Ama de casa. 27 años “Mi esposa y yo no sabíamos leer ni escribir, por eso no podíamos ayudarles…es importante para nuestra superación y no nos engañes como antes” Donato Astete Vásquez. Minero. 31 años. “Solo asistí hasta primer año, con el pasar del tiempo y por la poca práctica me he olvidado de la escritura y de la lectura” Fidel Lupe Martinez. Minero. 36 años. “Yo no tuve oportunidad de entrar a la escuela en mi niñez, mucho menos les importó a mis padres, pues yo vivía en el campo donde trabajo de la tierra lo primero..aprendí a elaborar pan donde era necesario que yo conozca los números..yo solo podía tantear los ingredientes que utilizaba o solo conocía aquello lo que yo trabajaba..” Víctor Vuelca Choque. Panadero. 54 años. “Mis hijas ya son mayores…..cuando eran pequeñas yo no pude colaborarlas en sus tareas…nunca será tarde para aprender a leer y escribir..” Romás Ossio. Minero. 67 años. “No terminé el primero, mis padres no tenían dinero para comprar mis cuadernos.. cuando crecí tenía que trabajar y sostenerme yo mismo…yo quiero aprender para mi y para ayudar a mis hijos en sus tareas de la escuela..” Epifanio Huerazo. Minero. 36 años. “Aprendí a leer y escribir y conocer los números, también se firmar y leo cualquier papel escrito, como mi documento de mi certificado de nacimiento y se que aprenderé más todavía.” Severina Fernandez Ramallo. 44 años. “Siempre me sentí menos que las personas que escriben y leen; mi padre no me podía hacer estudiar por que decía que no era importante que las mujeres sepamos..” Leonor Mamani. 55 años. “Sólo tuve que dedicarme al pastoreo de animales en el campo, ahora soy presidenta de la localidad de Sora Sora..” Mery Cruz Mamani. 43 años. “Mis padres no querían que estudie y preferían llevarme al pastoreo de ovejas..” Magdalena Martinez Guarayo. 33 años. “La escuela quedaba lejos y como yo era mayor, tenía que ayudar a mis papas, trabajo vendiendo comida en la mañanas. Seberina Cayo Estalla. 7 hijos. 48 años. “No fui a la escuela por que mi madre desde pequeña me abandonó o…vendo frutas y refrescos…le dije a mi hija que me inscriba y asistí junto a mi hija. Doy gracias por que ya sé leer y escribir” Leocadia Jiménez Taquichiri. 40 años. “..por las noches para podernos superar de esa forma aprendí a leer y escribir para ayudar a mis hijos en la escuela” Luisa Pérez Ramirez. Agricultora. 32 años. “La gente decía que sólo los hombres tenían que ir a la escuela, ..” Flora Flores Paicho. 54 años. “Cuando mi hermano iba a la escuela yo quería ir y lloraba. No podía ayudar a mis hijos por que no sabía leer y escribir, mi comadre me ha dicho que pasemos clase y he venido por que mi sueño era siempre desde antes de querer aprender..”. Emiliana Guarayo. 49 años. “Mi esposo me animó a seguir adelante; ahora puedo controlar las tareas de mis hijos sin que ellos me quieran engañar.” Maxima Martinez de Pérez. 55 años. “Mi hija mayor no va al colegio, pero sabe leer y escribir, aprendió junto conmigo…” Cristina Vásquez Acho. 5 hijos. 59 años. “Muchas veces a mi me han tratado mal cuando iba a la ciudad, me reñían cuando compraba algo por que tampoco sabía contar, más bien me engañaban; por eso yocasi muy poquito viajaba”. Santusa Mamani. 49 años. “Por aprender, había veces en que me iba sin cocinar para mi familia, incluso, cuando cocinaba, ya no tenía tiempo ni para comer…ese fue mi esfuerzo por aprender..”. Susana Mamani Oraqueni. Vendedora de refrescos. 40años. “Yo no tuve la oportunidad de culminar mis estudios, mi papá falleció cuando yo estuve en el tercer curso…gracias a este programa…”. Eva Flores. 35 años. “..es importante leer y escribir, ahora puedo escribir mi nombre y firmar también…trabajo en la alcandía de barrendera..”. Angélica Casia Layme. 57 años. “..trabajo en el mercado y tengo muchos problemas y no sabía leer y escribir y me da tristeza por que a veces daba cambio por demás y siempre me engañaban…aprendí a reconocer los números y ya no me engañan con el dinero cuando vendo y doy cambio.” Esperanza Migma. 47 años. “.. para los que no sabíamos leer y escribir, al principio mi mano era dura, me ponía nerviosa…con la práctica ahora escribo y leo…seguiré practicando más”. Margarita Ajhuacho Canaza. 46 años. “Éramos 13 hermanos, vivíamos en el campo, mi papá siempre decía que sólo tenemos que prepararnos para trabajar la tierra y cuidar las llamas y ovejas, por eso me he casado con mis 14 años, no sabía leer ni escribir, la familia de mi marido me discrimina porque era analfabeta, mi marido también me reñía por que no daba nada y no podía ayudarle en su negocio de vender carne…era muy difícil agarrar el lápiz; ahora le ayudo en su negocio a mi marido y juntos trabajamos para que todos mis hijos estudien y no sufran como yo he sufrido las discriminaciones..” Máxima Cepita. 41 años. “Vivo cada día más feliz por que ya se leer y escribir…iba al hospital y me daban receta anotado…tenía que ir al vecino para que me lo lea y me indique para darle sus medicinas a mi nieto…ahora puedo atender a mi nietito sin molestar al vecino…” Gregoria Gutierrez. 49 años. “Siempre yo quería saber leer que decía en los letreros de las tiendas…cuando salía a alguna parte caminaba sin ver nada…..iba a la panadería por que conocía donde era pero no sabía lo que decía en los letreros… estamos felices por que diferenciamos los letreros y nos damos cuenta a donde vamos a comprar algo..” Albina Checa.70 años. “Tengo 5 hijos y mi marido trabaja en el campo y yo estoy a cargo de ellos…cuando me mandaban de la escuela citaciones para las reuniones, tenía que volver a la escuela para que la profesora me lo lea lo que decía en el papel, por que muchas veces mis hijos no querían que vaya a la reunión por que los profesores me decían que mis hijos no hacían sus tareas y que se han aplazado, como no sabía leer ni escribir ellos me engañaban y me mentían…ahora mis hijos ya me tienen miedo y hacen sus tareas…” Victoria Condori. 43 años. Yo soy la hermana mayor. Yo trabajé para que mis hermanos menores vayan a la escuela, pensé que nunca llegaría a aprender lo que mis hermanos aprendieron en la escuela a leer y escribir…yo llegaba a la ciudad a ver a mis hermanos, me recogían o me mandaban dirección y tenía que preguntar a la gente con el papel para que lean la dirección, hartas veces me he perdido y llegaba de noche…” Isabel Condori. 53 años “La vida que yo vivía, sólo los hombres estudiaban, y por eso mis hermanas mayores y yo no sabíamos leer ni escribir y teníamos que decir a alguien que nos lo lea o escriba cartas para mandar a los familiares que estaban lejos…ahora, he mandado nota a la ciudad a mi hermana para que me mande arroz, azúcar y alguna verduras, por que no tengo dinero para viajar…soy pobre”. Salomé López Catoña. 70 años. “Cuando supe que iban a enseñar a leer y escribir gratis, me he sentido feliz, pero tenía miedo porque yo ya soy mayor y no sabía nada..es bonito saber leer y escribir, así podemos saber lo que dice cualquier papel.” Juana Lima Vacaflor. 56 años. “..mis papas nunca me pusieron a la escuela por que ellos tampoco entraron, por falta de dinero teníamos que trabajar para tener comida; muchas veces he visto cuadernos, libros y periódicos solo los dibujos, nunca pensé que mi sueño se haga realidad de que yo alguna vez pueda leer, mis vecinos y yo hasta algunas veces nos informamos lo que pasa en nuestro pueblo de las reuniones que hacen los alcaldes por que dan citaciones y asistimos..” Herminia Mauricio M. 51 años. “qué difícil es para una persona haber vivido tanto tiempo con los ojos vendados, sin poder saber lo que decían los letreros, por no conocer las letras y los números…en mi niñez no tuve la oportunidad de ir a la escuela..” Simona Paiba Condori. 64 años. “En Totora Marca, he sido alfabetizada junto a 944 compañeros. Ahora no hay más analfabetos acá. Andrés Condori Condo. 61 años. “Tengo 4 hijos y trabajo lavando ropa ajena y vendiendo comida en las mañanas. Me da tristeza por que a mi hija Jessica de 10 años no le pude dar estudio por que no hay plata. Solo mi hijo de 8 años va a la escuela. Yo y mi hija Jessica asistíamos a las clases todas las noches; ahí hemos aprendido a leer y escribir, nosotros queremos aprender mucho más para ayudarnos a salir adelante”. Beatriz Nina Diaz. 37 años. “Asistí a clases con mis dos pequeños que no tenía con quién dejarlos; hasta que pase clases se quedaban jugando en el patio de la escuela, estoy tan contenta ahora de saber leer y escribir, y tuve el valor de dar yo el agradecimiento en el acto de conclusión del curso…ha valido la pena…al dar las palabras de agradecimiento sentí mucha emoción, y mis compañeros también estaban contentos de escucharme.” Nicolas Quispe M. 45 años. “Tenía muchas ganas de aprender a leer y escribir, yo estoy a cargo de mi nieto, un pequeño de seis años, asistí junto con él a las clases, se sentaba a mi lado mientras yo aprendía y él aprendió conmigo..… hablo más el quechua y me alfabeticé en quechua” Vicente Condori Arias. 69 años. “Hablo más quechua, pero me alfabeticé en castellano; asistí con mi hija…logré aprnder a leer y escribir además tengo bonita letra, por eso estoy muy contenta, leo lentamente pero seguiré practicando..” Adela Alavi Siprian. 38 años. “Ya asistí con mucho miedo y vergüenza, con paciencia y esfuerzo nos alfabetizamos, algunos estamos más de la vista….” Fidelia Ara Chinche. 60años. “..en toda mi vida cuando yo veía libros y números no sabía lo que decía y pensé que nunca aprendería, pero ahora se leer y escribir, es una enorme satisfacción para mi”. Beatriz Avisa Condori. 70 años. (Es Miembro de UNPE-Oruro) ********* Inicie su Seminario Gratuito sobre BIOPROGRAMACION "Mejor Calidad de Vida Salud-Negocios-Trabajo desde el Hogar" http://www.bioprogramacion.net |